Buenos Aires

Cultura + Juventud

¿Qué piensa y cómo trabajar en cultura con una generación criada en la era de la hiperconectividad y la mutación de valores y estéticas?

Como parte del programa “La Cultural: Yo diseño el cambio”, se realizó la 3.ª edición del Consultorio Cultural Federal: un espacio para reforzar las herramientas de los actores culturales de todo el país. 

¿De qué hablamos cuando hablamos de jóvenes en el campo cultural? ¿Cómo se involucran en esas industrias? ¿Cuál es su real participación en los planes de gestión y políticas públicas culturales? Se dice que algunos pensadores comenzaron a reflexionar sobre la juventud, como etapa de la vida, solo hace doscientos años y siempre influenciados por las perspectivas biologicistas. A partir de ahí, los prejuicios construyeron un modo de mirarlos: los jóvenes son inseguros, no productivos, desinteresados e, incluso, amenazantes. Sin embargo, son muchas las oportunidades y los espacios en que ellos demuestran lo contrario, con ganas e ideas claras de qué quieren y cómo.

Es por eso, y para derribar mitos, la tercera jornada de “La Cultural: Yo diseño el cambio”, funcionó como un espacio para obtener nuevas herramientas a través de talleres, capacitadores y capacitaciones. El programa de la Dirección Nacional de Formación Cultural está pensado para gestores culturales de todo el país. En esta edición, el encuentro tuvo como consigna el binomio  “Cultura y juventud”.

Consultorio cultural

De la mano de los capacitadores María Laura Couto, Marlene Nördlinger e Iván Moiseeff, en la Casa Nacional del Futuro (Av. Beiro 3945, Villa Devoto), distintos gestores culturales de las provincias y Ciudad de Buenos Aires se dieron cita para poner en acción una de las actividades del Programa: el Consultorio Cultural Federal. Se trata de una reunión para imaginar, diseñar y compartir saberes, y así ampliar las estrategias y proyectos que intentan acercar a los más jóvenes hacia la enorme oferta cultural de todo el territorio nacional.

Para comenzar, se realizó un estado de la cuestión basado en estadísticas oficiales, a cargo de Alejandrina D´Elia, Directora Nacional de Innovación Cultural de la Secretaría de Gobierno de Cultura, en relación con los consumos culturales por parte de jóvenes de 15 a 25 de edad de la Argentina: cómo piensan, cómo viven, cuáles son sus hábitos culturales, sus gustos, etc. Las encuestas consultadas arrojan diferentes tipos de datos, entre ellos:

un gran porcentaje de los encuestados consume música; programas de televisión; internet; actividades que realizan, muchas veces, al mismo tiempo; mientras que un porcentaje muy menor de los chicos y chicas consultados accede a libros, teatro y cine.

Además, otro de los datos que sorprendió a los analistas es que no se registró un gran interés por acceder o consumir bienes demasiado elaborados, aquellos que requieren de una atención más compleja o especial, sino que prefieren la brevedad. Por otra parte, tienen una gran conciencia por los movimientos feministas, el peligro del bullying y el acoso escolar y laboral, la identidad de género y la deconstrucción de las etiquetas binarias configuradas culturalmente.

¿Qué desafíos tienen hoy los gestores culturales?

Couto y Nördlinger, ambas egresadas de la carrera de Artes de la Universidad de Buenos Aires y capacitadoras de gestores culturales, no dudaron en poner atención en la relación entre los jóvenes y los adultos para empezar a construir desde allí, no solo propuestas y actividades que incluyan a estos jóvenes, sino también pensar acciones en un nivel más macro que, quizá, lleguen a la materialización de políticas públicas. “El consultorio sirve para pensar, y el pensamiento es acción. Reflexionando sobre los campos de lucha que vienen desde el multiculturalismo y el interculturalismo, ¿cuáles son los diálogos, los paradigmas, las valoraciones, el imaginario social que atraviesan la compleja relación entre jóvenes y adultos? ¿Qué hacemos como adultos para integrarlos?”, señalan las capacitadoras antes de agregar: “Lo cierto es que tanto jóvenes como adultos aprendemos juntos, hay un ida y vuelta muy interesante que nos ayuda a crecer a todos. Lo vemos con muchas luchas que hoy se están llevando a cabo. El uso del lenguaje inclusivo es un ejemplo de ello”.  

Por su parte, Moiseeff explicó: “Mi propuesta en este encuentro es pensar y charlar sobre cómo los jóvenes se interesan y vinculan con la cultura, cómo generan redes. Por un lado, cómo se están moviendo los creadores, jóvenes que crean en cultura. Y, por otro, cómo se están vinculando los públicos jóvenes con la cultura y sus consumos. Además, a través del taller, lo que vamos a ver es cómo se comunican todos esos proyectos que van dirigido a ellos. Estos tres puntos me parecen importantes como para tener cierto mapa de lo que hoy está sucediendo con los jóvenes en la cultura”.

Este Consultorio Cultural Federal, como todo momento de reflexión, más allá de las actividades propuestas como taller, sirvió para plantear más preguntas que respuestas. Esa fue la claridad que cada uno de estos gestores y formadores se llevaron como experiencia. Y, a través de ella, varios puntos en común:

Los jóvenes son los protagonistas de cada uno de los proyectos que diseñan y desarrollan los gestores, por eso son los primeros a quienes hay que escuchar; proyectar en función de ellos; salir de los lugares comunes a que muchas veces recurren los programas; priorizar la calidad; tomar datos de la realidad y cotidianidad; cuidarlos en un sentido mucho más amplio (cómo acompañarlos y guiarlos en un museo, en una muestra, en un recital, etc.); deconstruir. Tal vez, este último punto fue el más fuerte de todos: desarmar para volver a producir desde otro lugar, más inclusivo y placentero para cada habitante de nuestro país.